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Volviendo a la carretera principal, ésta asciende hasta pasar por el
pueblo de Kalpaki, lugar en el que los griegos ofrecieron
resistencia a las tropas italianas que decidieron emprender la
invasión del país heleno durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la
humillante derrota frente a los griegos, pues estos eran muy
inferiores en número, los italianos tuvieron que retirarse a Albania
cuando todavía caían las nieves del año 1941. |
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Siguiendo la carretera nos detenemos en Konitsa donde, por
desgracia, gran parte de la arquitectura genuina del lugar fue
destruida durante los bombardeos que asolaron la ciudad en la guerra
civil griega (1946-1949). A pesar de todo, aún podemos ver parte de
lo que fue la Mezquita levantada por orden del sultán Suleimán I el
Legislador (1494-1566) en su visita a Konitsa en 1536 y la mansión
de Zeinelbeis, con la torre despuntando sobre los arcos desprovistos
del techo. Además, destacan la mansión de Ioannis Floros y la Casa
de Pavlos Maliakas. |
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Entre Kalpaki y Konitsa se encuentra una vía secundaria que lleva a
los pueblos de Megalo (grande) Pápingo y Mikró (pequeño) Pápingo,
dos pueblos hermanos que son emblema de Zagori. Se encuentran
sumergidos en la exuberante frondosidad del Parque Nacional de Vikos-Aoos,
a los pies de los montes Gamila (2497 metros de altitud) y Astraka
(2436 metros de altitud) y cercanos al curso del río Voidomatis, en
cuyo tramo podemos ver el mayor puente de un solo ojo de toda la
región. En las faldas del monte Gamila se encuentra el Lago del
Dragón o Drakolimni, cuyas frías aguas dan cobijo a un gran número
de tritones. Sean acaso estos pequeños anfibios los dragones
guardianes de esta mágica laguna que parece sacada un cuento. Un
lugar en el que la belleza del cielo y las montañas queda reflejada
en las aguas del lago, creándose dos hermosas realidades, simétricas
respecto de la casi imperceptible línea de superficie del lago.
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A las puertas de Zagori, viniendo por la carretera de Tríkala, se
encuentra el pueblo de Métsovo, un pintoresco pueblo de montaña.
Está construido a 1156 metros de altitud, sobre uno de los picos de
la cordillera del Pindo, y cuenta con una población de unos seis mil
habitantes. Encontrará diversos comercios que se dedican a la venta
de artículos inspirados en el folklore local, sobre todo textiles,
así como productos alimenticios, especialmente los quesos, los
famosos vinos tintos katogi, y la típica pasta para la sopa conocida
como trajanás. |
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Existen varias iglesias de interés, como la de Agios Dimitrios, con
su campanario de madera, la sólida construcción de Agios Athanasios
Grizios, o la de Agios Athanasios, en un bucólico emplazamiento al
pie del monte Zygos. Bajo la ciudad se encuentra el monasterio de
Agios Nikólaos. Fue construido en el año 1800, pero cada piedra del
edificio parece transpirar un sudor invisible que nos revela que el
monasterio es mucho más añejo. En el Museo Arjondikó se exponen
varias colecciones de artesanía textil, tan característica aún hoy
día en Métsovo. Las gentes del lugar se visten en ocasiones durante
los festejos con los trajes y vestidos típicos, en los que los
colores dominantes son el rojo, el negro, el marrón, el azul oscuro
y, rara vez, el blanco.
Si es un amante de la espeleología no olvide hacer un alto en Pérama,
saliendo de Métsovo con dirección a Ioánina, donde encontrará una de
las cuevas más impresionantes de Grecia. |
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