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Salónica o
Tesalónica es la segunda ciudad de Grecia y capital de la región
de Macedonia. Cuenta con algo más de un millón de habitantes y es
uno de los principales destinos universitarios del país. Salónica es
un legado histórico en el que
cada cultura ha ido añadiendo una pieza más a este mosaico de razas,
pueblos y religiones. Fundada entre los años 316-315 a.C. por
Casandro, general de Alejandro que se erigió en rey de Macedonia a
la muerte de aquél, Salónica ha sido dominada sucesivamente por
distintas naciones a lo largo de su historia. Desde sus primeros
habitantes, los macedonios, pasando por los romanos, bizantinos,
árabes, cruzados y otomanos. Incluso los sefardíes adquirieron una
gran importancia en la ciudad, al llegar de forma masiva tras ser
expulsados de España por los Reyes Católicos en 1492. Tras la
Primera Guerra Balcánica (1912), la ciudad pasa a formar parte del
Estado Griego. |
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Salónica es distinta al
resto de grandes poblaciones griegas. Tiene un aire oriental.
Refinadamente oriental, mejor dicho. La magnificencia de la iglesia
de Agia Sofia, en la plaza ajardinada del mismo nombre, nos recuerda
con nostalgia a la gran Santa Sofía (Agia Sofía) de Constantinopla.
Los regios ejemplos de arquitectura bizantina se plasman en los
numerosos edificios eclesiásticos de la Ortodoxia: La iglesia de
Agios Dimitrios, en la calle del mismo nombre y dedicada al patrono
de la ciudad; La de los Doce Apóstoles (Dódeka Apóstoli), construida
entre los años 1310 y 1314; La de Agia Katerini, de finales del
siglo XIII; El monasterio de Vlatadon, en cuyos jardines podemos
escuchar a los pavos reales mientras disfrutamos de una hermosa
vista de la ciudad. |
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También los otomanos
dejaron su legado arquitectónico. Destacan el Bey Hamam, el primero
y más grande de los baños turcos de la ciudad, construido en 1444
bajo el mandato de Murad II; la Hamza Bey Dazmí, mezquita construida
en 1468, y el Bezesten, edificio en torno al cual se despliega el
mercado. Por su parte, también los romanos dejaron evidencia de su
paso por la ciudad. Por orden cronológico, el primer conjunto
arqueológico a destacar es el ágora. Se trataba de un complejo
administrativo y social de unas dos hectáreas ubicado en el centro
de la ciudad. Su construcción comenzó a finales del siglo II d.C.,
sobre el antiguo emplazamiento de un foro anterior, y cuenta con un
pequeño teatro. A continuación, el Arco de Galerio o Kamara, uno de
los símbolos de Salónica. Fue construido en el año 305 d.C. para
conmemorar la definitiva victoria del emperador Galerio sobre los
persas, triunfo que ha quedado narrado a través de los relieves que
recubren los pilares principales. |
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Contiguo a la pintoresca
Plaza Navarino se encuentra el complejo palaciego de Galerio Máximo.
Fue construido en el año 300 d.C. con la intención de convertirse en
el centro civil y religioso de la Salónica imperial. Algo más arriba
se encuentra la Rotonda, el último de los grandes monumentos
levantados en época del emperador Galerio. Se trata de un edificio
circular que fue construido en el siglo IV d.C. Posteriormente, fue
convertido en iglesia cristiana y decorado con mosaicos y, a partir
de la llegada de los otomanos, en 1590-1591, la iglesia fue
reconvertida en mezquita. En 1912, año en que la ciudad fue liberada
de los turcos, el edificio volvió a pasar a ser de nuevo iglesia
cristiana bajo el nombre de Agios Giorgios. |
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Por otro lado, apenas
quedan edificios que atestigüen la importancia de la comunidad judía
establecida en la ciudad desde hace siglos, pero cabe resaltar la
sinagoga Monastiriot, de estilo modernista. La ciudad nos propone
múltiples paseos por entre sus encantadoras plazas y calles. La
aristocrática Plaza Aristotelus, de distinguida arquería. A ambos
lados de ésta se encuentra el zoco central, en cuyo interior está el
mercado Modiano, así llamado debido a la familia judía que lo
instauró. Aquí podemos encontrar carnes, pescados, frutas, verduras,
aceites, dulces, quesos, especias, mil y una variedades de
olivas,... A unos pocos metros se encuentra el Louloudádika, o
mercado de las flores y, en el interior de un de los edificio
aparentemente irrelevante (quién lo iba a decir) un coqueto
restaurante. |
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