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Construida a orillas del
lago Pamvotis y bajo la mirada atenta del monte Mitsikeli, la ciudad
de Ioánina es una de las poblaciones más hermosas de Grecia. Es la
capital de la prefectura del mismo nombre, que ocupa gran parte de
la región de Épiro. Con más de mil años de historia, Ioánina debe su
nombre a una desparecida iglesia construida en honor de San Juan
Bautista. Tras la toma de Constantinopla por los cruzados, fueron
muchos los emigrados bizantinos que llegaron hasta Ioánina. |
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Este aumento de
población, unido a la creación del Despotado de Épiro supuso que la
ciudad aumentara en importancia dentro del contexto socio político
de la época. En el siglo XV la región pasaría a manos de los
otomanos. A partir de 1788, Alí Pasa (1741-1822), el terrible tirano
musulmán de origen albanés conocido como el ‘León de Ioánina’,
escoge la ciudad como capital del Despotado. |
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La construcción más
característica es la mezquita de Alí Pashá, que parece flotar sobre
el lago. En su interior se halla el Museo de Arte Popular, con
distintas colecciones de trajes típicos y folklóricos, así como
otras piezas de interés. Otro edificio relacionado con Alí Pashá es
el palacio que se encuentra en lo alto de la ciudadela, hoy
reconvertido en Museo Bizantino. Y es que realmente se nota la
impronta del temible Alí en la parte más vieja de la ciudad, donde
los minaretes de las mezquitas despuntan sobre los gruesos
murallones de piedra. Pero no duraría para siempre el gobierno del
déspota, quien se había separado ostensiblemente del poder del
sultán de Constantinopla. Fue asesinado por agentes turcos en el año
1822 bajo el mandato del reformista Mahmud II. Este hecho ha sido
llevado incluso a la ficción, en la novela ‘El Conde de Montecristo’,
de Alejandro Dumas (1802-1870). |
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La Plaza Pirrou, amplia
y llena de vida, ofrece una buena oportunidad para dar un paseo y
seguir hacia la Plaza de la Democracia (Platía Dimokratíou), junto a
la cual se encuentra el Museo Arqueológico. En su interior se guarda
un nutrido repertorio de estatuas de bronce y tablillas en las que
han quedado inscritas las cuestiones que se realizaban en el próximo
santuario de Dódona. |
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